No me mola nada resultar obvio, así que -y a riesgo de sonar repetitivo- voy a obviar la imagen que, de ser otro día y en otras circunstancias habría puesto aquí, al principio, para dar comienzo a -redoble de tambores- ¡¡UNA NUEVA CRÍTICA!!
Sí, parece mentira, lo sé. Pero está claro que debería olvidarme de misticismos y reflexiones filosófico-trascendentales.
En fin... Continuemos con condicionales: si yo no fuese yo, y en mi lugar fuese un crítico de cine pomposo y artificial, diría que la película que trato de describir "Es una fábula sobre una familia americana normal de clase media que...". Y a partir de ahí desarrollaría una temible crítica hecha de plástico y alabanzas que al leerla me entrarían ganas de vomitar, de no volver a ver la película nunca más y de relegarla a la mochila de los horrores, justo en el departamento en que dejé olvidada a Revolutionary Road (otra "fábula sobre una familia americana normal de clase media que...").
Bien. Os conteré un secreto, pero no se lo digáis a nadie: yo soy yo. Y como soy yo y no soporto las críticas sobre "fábulas sobre una familia etc, etc, etc" -me imagino que ya os lo sabréis de memoria-, voy a hacer una crítica ¡A MI MANERA!, tal y como le hubiese gustado al Duque de Moulin Rouge.
Ahora os duele la cabeza. No sabéis lo que he dicho, porque he cambiado de "yo" mil veces, y ya no distinguís los "yoes" que entran en juego, es más, se os ha olvidado a que viene tanto lio porque acabo de escribir una de las paranoias más grandes de mi vida que no entiendo ni yo - ¿qué yo?xD-. Resumo: esto es una crítica cinéfila hecha a mi manera, despreciando los halagos artificiales de un montón de aburridos señores críticos ^^. ¡AL TEMA!
¡Mira! ¡Está bailando conmigo! Como una fuerza increíblemente benévola que me hace comprender que no hay razón para tener miedo jamás. A veces hay tanta belleza en el mundo que siento que no lo aguanto.
Estas son las palabras textuales de un capítulo de la serie de Padre de Familia en el que se hacía una parodia de una palícula desconocida para mí en aquel angustioso momento en que vi la escena por primera vez. Confieso que, a pesar de ser una sátira, todo aquello me fascinó. Me dejó embelesado y profundamente obsesionado con saber de qué maravillosa obra de arte procedía aquella escena. Una bolsa de plástico, flotando al son del viento rodeada por una nube de hojas secas arremolinándose, todo ello acompañado de unas gratas y profundas palabras y ESA musiquita del piano. Es todo tan irónico... Hasta hace un día o así, ESA musiquita del piano era la insoportable melodía de Revolutionary Road. Hoy día, ESA musiquita del piano es algo mucho más refinado y exquisito. El caso es que, cuando finalmente averigué qué película era la implicada, no me lo creía. Y claro, me puse a verla inmediatamente... Seré críptico y no ofreceré mucha información, simplemente, unas palabras, una brevísima descripción mental-emocional, porque contar más es grosero.
Sin entrar en tecnicismos, que hoy no me apetece, imaginad que estáis hastiados de la vida. Que tenéis que representar un contínuo y falso papel de familia feliz. Estáis tan obsesionados e hipersensibles que, en el momento en que introducimos -tsché- cuatro pinceladas de variedad en la ecuación, se rompe el equilibrio, y sucede, lo que yo llamaría, el efecto mariposa. Amores, identidad, vídeos, bolsas, belleza, mentiras, ansiedad... Un flujo contínuo de sucesos encadenados que finalemente, llevan al descubrimiento final, al punto de plena felicidad, a una vida llena... Tan llena que no puede durar. Y se acaba la película.
Breve, ¿verdad? En realidad no lo es mucho. Pero es tan sublime, que si la tuviera que comparar con algo que no existiese, la compararía con la mousse que sirven en el cielo. Así que ya sabéis: si queréis descubrir el sentido de la vida, debéis ver AMERICAN BEAUTY.










